En este trabajo Xoel Lopez demostró una capacidad para componer himnos pop, melodías increíbles, y unas letras de las que no se te olvidan. Un disco que no tiene una canción mala y en el que la mayoría rayan a gran altura. "Colillas en el suelo" comienza como una maravilla pop en el que destaca el piano y su letra. En "Gigante" adopta un tono más electrónico, que será una excepción, que da paso a "Tendremos que esperar", una de las cumbres del disco, una canción melancólica a más no poder y con una sección de viento poderosísima. En "No es mi primera vez" sobresalen las guitarras y de nuevo la letra. "Rostro de actriz" es una canción preciosa, un comienzo acústico que va creciendo, destacando el sonido de la trompa a cargo de Julián López. Y en "Ver en la oscuridad" adopta un tono más festivo y alegre.
"Réquiem (No fui yo)" es una canción también potente y el tramo final está entre lo mejor del disco, primero con esa maravilla que es "De tanto callar", un tema de melancolía profunda, con una letra soberbia y que va increscendo, "Simone" recupera el pulso más dinámico con una sección de vientos que se impone y "El amor valiente" se convierte en otra de las cimas del disco, una melodía brutal, una letra para enmarcar, y el contrapunto que suponen la armónica y el saxofón. "A un metro de distancia" es un tema de pop bailable con Rubia haciendo los coros. Y el final es para una amarga "Fin de un viaje infinito", una letra más críptica, unas guitarras eléctricas más presentes.
Fin de un viaje infinito es un gran trabajo, un disco en el que se intuye un poco esa evolución que culminará con la carrera en solitario de Xoel López, un disco donde funciona ya más como un cantautor que como una banda. Recordar a Deluxe no está de más y volver a escuchar estas canciones nos devuelve una sonrisa, aunque cargada de melancolía.

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