¿Polly Harvey de buen humor? Bueno, más o menos. Si bien su característica angustia feminista sigue presente en gran medida, la música es, en general, menos confrontativa que en ttrabajos pasados. Varios temas —"Good fortune", "A place called home", "One line"— rozan el pop; de hecho, podrían pasar por canciones un poco más abstractas de The Pretenders ("You said something" suena como Chrissie Hynde cantando una melodía country mutante).
Dado su título, no sorprende que "The whores hustle and the hustlers whore" logre crear un sonido de guitarra convincentemente atonal, pero por lo demás, la única canción que realmente captura la furia característica de Harvey, al estilo Captain Beefheart, es (de nuevo, como era de esperar, dado el título) "Kamikaze".
Otros temas destacados son "Big evil", que gira en torno a un mordaz riff neopsicodélico (una especie de "Paperback writer" disonante), la hipnóticamente hermosa "This mess we're in", una especie de pastiche de los primeros Cure a dúo con Thom Yorke de Radiohead, y la canción final "We float", una oda al piano a la reconciliación con los fracasos, que Harvey canta con una dulzura casi inspiradora.
Este album supone la aparición de una Harvey menos visceral a primera escucha, pero tan intensa como en sus comienzos. Desnuda, sincera, algunos de los que no supieron o no quisieron verlo en aquel primer momento han comprobado, con el paso de los años, que todo lo que és Pj. Harvey como artista tiene mucho que ver con lo que nos mostró en este disco, lo que ya conocíamos y sobre todo lo novedoso.







