Room on Fire también tiene una actitud distintiva. Is This It (2001) sonaba sin esfuerzo, pero es evidente que se puso mucho esfuerzo en Room on Fire. Sin embargo, los momentos más elaborados del álbum son los más emocionantes, "Automatic stop", una mirada juguetona y conmovedora a un triángulo amoroso, avanza con un ritmo reggae, "Under control", un homenaje extrañamente hermoso al soul de los 60, es posiblemente para mi la mejor canción de The Strokes hasta la fecha. Varias canciones recapturan algo de la exuberancia de Is This It, "You talk way too much" acelera con uno de sus riffs más al estilo de The Velvet Underground, la línea de bajo al estilo Motown y las guitarras brillantes de "Meet me in the bathroom" añaden algo de estilo a su descaro.
Sin embargo hay una especie de cansancio que flota en el disco como humo rancio, especialmente en "The end has no end", una canción repetitiva sobre una ruptura molesta que repite una y otra vez su título, "Reptilia", mientras tanto, suena como una larga noche de fiesta que se ha agriado. Esta sensación, la precisión de la interpretación y los arreglos de la banda, y la forma en que cada canción termina abruptamente a veces hacen que el álbum suene demasiado cerrado.
Algunos podrían quejarse de que nunca segundas partes fueron buenas, pero Room on Fire demuestra que, incluso después de todo lo que les ha sucedido, The Strokes aún pueden sorprender.








