En este cuarto disco (o tercero, si el primero no se considera un debut en largo) estos novios de la muerte siguen obsesionados con la ultratumba, con los gatos asesinados, la nocturnidad y el malditismo, y su música, por supuesto, permanece empapada de blues.
Aquí aparecen novedades a nivel vocal, con un Pedro de Dios que echa a volar, y estilístico, con influencias inéditas en lo instrumental: Howlin' Wolf, Gene Vincent o Charlie Parker. El creciente poder de la guitarra de Pedro de Dios sube el listón de manera que las canciones consiguen sonar exactamente a lo que dicen sus títulos: "Agua turbia", "Mecha corta", "Tormenta"... pero su voz es lo que ha dado un salto cualitativo más claro. Sorprendente, sólido pero consecuente con su desparpajo habitual, Pedro alcanza un nivelazo inesperado ("Serpientes negras") e incluso increíble (en la mencionada “Mecha corta”).
Los temas son puro groove, más que las canciones redondeadas y cerradas, siguen siendo la marca de la casa y mantienen ese trance casi demoníaco de negritud, ya sea al estilo Wolf de “Hoy como perro” o rozando lo jazzístico como en la sensacional “Filo de navaja”.
Recomendado escuchar con buenos cascos para apreciar los arreglos de pianola, maracas y cencerros, las extraordinarias líneas de bajo (las mejores de su discografía están en este disco) y, sobre todo, para que el corazón bombee al ritmo de percusiones como las de “Huele a rata” (¿guiño a Big Mama Thornton?) o “Hueso de gato negro”.
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