Los Diarios de Petróleo és una obra dividida en cuatro partes. Un primer fragmento que incluía cinco canciones (cuatro caras B), un segundo fragmento similar, el fragmento principal o disco y un último fragmento de similares características que los dos primeros. En conjunto, 28 temas con los que que Fernando Alfaro hacía un minucioso resumen vital en lo que fue el tercer disco de su banda.
En el fragmento principal hay quince canciones, más una escondida (la emotiva "A todos los amigos que he perdido"). Un disco que abre hablando de la muerte, "Cataratas de sueño». Sin embargo, la celebración de la parte positiva de la vida protagoniza muchas historias dentro del disco, desde "El secreto de la ciencia" a "Demasiada poca gente" o esa simpática canción dedicada a sus propias hijas, "Chapoteosis de chiquillos en la bañera".
Sin embargo, a mitad del disco, el recuerdo va asaltando al narrador y en algunos casos el homenaje al pasado es hermoso y entrañable, como en "Mi padre", o doloroso, como "Ricardo ardiendo" y la brutal "Extrarradio". Hay muchos más pasajes autobiográficos o que al menos parecen que habla en primera persona: "De aire", o "Abre todas las ventanas".
Los fragmentos «adosados» a esta obra, I, II y último, están encabezados por canciones del fragmento principal y los temas no son simples Caras B. "El colector de fluidos", o ese fantasma del 78 (1997) llamado "Tocado, hundido". Curiosamente, también hay una composición de los principios de Surfin’ Bichos, "A Morte", y "Cielos despejados" de Isabel León, pareja de Fernando Alfaro, que sigue tocando teclados y haciendo coros con Chucho. "Cráter" es una canción destrozante, como aquella "Mis huesos son para ti" que hizo con Surfin’ Bichos.
La nostalgia en este trabajo
es un sentimiento persistente. Un disco que seguramente dejó extenuado por cantidad y por profundidad a su autor. Un testimonio de una vida dedicada a la música y al amor, sobre el que comenzar de nuevo.

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