miércoles, 21 de agosto de 2024

DON HENLEY The end of the innocence (GEFFEN, 1989)


 Don Henley tardó un tiempo en completar su esperado tercer álbum, The End of the Innocence. Aunque consigue duplicar gran parte de la magia de su álbum anterior, Henley dejó de lado los sintetizadores y amplió su paleta musical. Utiliza aquí coros con gran efecto, ya sea en la trágica balada "New York minute" (con el grupo vocal Take 6 ) o en la furiosa canción rockera "I will not go quietly" (con Axl Rose de Guns N' Roses ).

 Su colaboración con Bruce Hornsby en la canción que da título al álbum muestra a un Henley maduro cantando sobre la desilusión sobre un hermoso riff de piano que le da a la canción un aire atemporal de nostalgia. Aunque sigue abordando cuestiones políticas y escribiendo sobre la vida en los pueblos pequeños de Estados Unidos, Henley también mezcla baladas románticas, incluida la última "Heart of the matter". En esta canción épica, Henley explora la complejidad emocional de las relaciones y la aceptación de uno mismo durante las secuelas.

 A lo largo del álbum, logra mantener un equilibrio entre el cinismo y la esperanza, y sus grandes melodías permiten que sus letras conmovedoras penetren en el corazón. En tiempos de reivindicación del soft rock este álbum es muy recomendable para quienes gustan de la música pop (casi AOR) con mensaje.

lunes, 19 de agosto de 2024

NICK CAVE & THE BAD SEEDS Abattoir blues / The lyre of Orpheus (Mute, 2004)


 Un año después de Nocturama y por primera vez sin Blixa Bargeld (dedicado en exclusiva a Einstürzende Neubauten), Nick Cave & The Bad Seeds regresan con su decimotercer trabajo, el primero doble de su discografía, o mejor dicho, la primera vez que editan dos discos incluidos dentro de un mismo álbum. Abattoir Blues / The Lyre Of Orpheus fueron grabados en el estudio Ferber de París y producidos por el propio grupo. Para la ocasión, la banda repite su formación habitual -a excepción de Bargeld– e incluye a un nuevo miembro, James Johnston (ex Gallon Drunk) al organo.

Este trabajo es una asombrosa colección de 17 canciones divididas en dos partes, que aunque muy similares, podríamos apuntar que The Lyre Of Orpheus quizá contenga momentos más reposados. Dos discos en los que nos encontramos con los australianos más accesibles, arrebatadores, líricos y vitalistas que de costumbre, con la inclusión de nuevos elementos en su música -como el gospel-, y como es habitual en su líder, con unas letras que van más allá de la poesía.

Un torrente llamado “Get ready for love” da paso a una celebración de casi hora y media en la que el gospel festivo de «There Sshe goes, my beautiful world» se une a la magia de «Breathless», «Let the bells ring» y «Nature boy», a la oscuridad de «Hiding all away» o «The lyre of Orpheus» y a la fuerza de «Supernaturally». Los momentos más líricos son para «Babe, you turn me on», «Easy money” o «Cannibal’s hymn» y el éxtasis llega de la mano de «Carry me» o “Fable of the brown aple”.

Es difícil encontrarse a una banda con más de dos décadas de actividad a sus espaldas y en plenas facultades creativas. Abattoir Blues / The Lyre Of Orpheus fué una
nueva obra maestra que añadir a su imprescindible discografía, un disco que puede mirar de tú a tú a glorias pasadas como Tender Prey (88), Let Love In (94), The Boatman´s Call (97) o No More Shall We Part (01)

lunes, 12 de agosto de 2024

DEXYS One day i'm going to soar (BMG, 2012)

Un pianito, un murmullo, unos coros, y la voz apenada de Rowland abre el disco, but once…. la canción te explota en la cara, y el celtic soul se apodera de tu cuerpo, de tu alma, de tu corazón. Ostias, qué temazo! Más de seis minutos de placer, de disfrute, de celebración.. Un puñetazo sobre la mesa, qué somos los Dexys leñe, que somos la polla (con perdón), y es que esta canción me ha traído a la memoria la primera vez que escuché «Too-Rye-Ay”, eso es irrepetible, claro, pero las sensaciones se han parecido. Sólo por este tema la vuelta de los Dexys valió la pena, pero hay más, mucho más y mejor. Laaaa, la, lalala, laa-la, lala, lalala….

 Rowland estuvo un tiempo perdido pero ha vuelto definitivamente, “Lost” es la prueba de todo ello. Qué preciosa canción, qué bonica, sí bonica del to. Y si no estás convencido del todo llega la clase total con “Me”, aires claros y sin disimulo a The Style Council con la aportación a los teclados del 50% de aquellos, Mick Talbot qué grande eres!. La melodía y la forma de cantar me recuerdan a veces a un “Shout to the top” de guateque, de chill out, pero qué cojones, es una de mis favoritas. Claro que “She got a wiggle” no le va a la zaga aunque en este caso me viene a la cabeza la atmósfera que creaba el duque blanco, el camaleón Bowie allá por los ochenta. Cancionaca.

Luego vuelven descaradamente los “midnight runners” con esa joya que es “You”. Ya digo, es un discarro que gana a cada escucha y que cualquier terrícola en su sano juicio no debería pasar por alto, y es que si uno no se estremece con «I’m thinking of you” debería hacerse una analítica, si a uno no le dan ganas de pegarse un bailoteo con “I’m always going to love you” o si no te da un ataque de positivismo con el dueto de “Incapable love” mejor ingresa directamente en un sanatorio. El final se acerca y de él destaco “Free” porque simplemente es cojonuda y vuelve a ese sonido de “Style council” que particularmente tanto me gusta.

Discazo señores, discazo…

 

(Reseña de Nikochan Island)

lunes, 5 de agosto de 2024

LOU REED Berlin (RCA, 1973)


 Transformer y "Walk on the wild side" fueron grandes éxitos en 1972, para sorpresa tanto de Lou Reed como de la industria musical, y con Reed repentinamente convertido en un producto de moda, utilizó su recién adquirida influencia para hacer el álbum más ambicioso de su carrera, Berlin.

 Berlin era el equivalente musical de un niño drogadicto suelto en una tienda de golosinas; las canciones del álbum, que forman una historia suelta sobre un romance condenado al fracaso entre dos bohemios alimentados por químicos, fueron desarrolladas con una producción enorme y retumbante ( Bob Ezrin en su momento más grandioso) y arreglos sobrecargados de guitarras, teclados, trompetas, cuerdas y cualquier otro recurso que estuviera a mano (la banda de sesión incluía a Jack Bruce , Steve Winwood , Aynsley Dunbar y Tony Levin ). Y aunque a menudo se había acusado a Reed de centrarse en el lado oscuro de la vida, él y Ezrin abordaron Berlin como su oportunidad de hacer El álbum más deprimente de todos los tiempos, y no se perdieron ninguna oportunidad.

 Todo esto parecía demasiado para un artista que hizo un uso tan soberbio de la formación de dos guitarras/bajo/batería con la Velvet Underground , especialmente porque Reed ni siquiera toca la guitarra eléctrica en el álbum; el gran tamaño de Berlin en última instancia domina tanto a Reed como a su material. Pero si Berlin es en gran medida un fracaso de la ambición, eso lo distingue de la gran mayoría de los trabajos menores de Reed; la voz de Lou es a la vez precisa y apasionada, y aunque algunas de las canciones son poco más que bocetos, las mejores - "How do you think it feels", "Oh, Jim", "The kids" y "Sad song" - son material poderoso y amargo.


 Es difícil no quedar impresionado por Berlin, dado el gran alcance del proyecto, pero si bien se merece una A por el esfuerzo, la ejecución real merece más bien una B-.

PALACE MUSIC Arise, therefore (Drag City, 1996)

 Una vez más, Will Oldham con este trabajo emerge de la turbia neblina del Medio Oeste con otra ración de encantadoras y discretas reflexion...