Entre los últimos coletazos del hard rock ochentero y el inminente movimiento grunge procedente de Seattle, A Bit of What You Fancy presentaba en sociedad a los Quireboys, banda londinense liderada por el carismatico Spike, con un soberbio ejercicio de rock and roll del que sencillamente ya no se hacía en aquel entonces —imaginaos hoy en día— repleto de pianos omnipresentes, ocasionales coros femeninos, puntuales arreglos de viento o cuerda, una voz rota y aguardentosa que parecía trasplantada de la garganta del mismísimo Rod Stewart y doce inspiradísimas composiciones que apestaban a bourbon y tabaco.
Canciones llenas de buen gusto, rock and roll vigoroso y estribillos memorables como “7 O' Clock”, “Man on the loose”, “Hey you”, “Misled” o “There she goes again” se encargaron de convertir A Bit of What You Fancy en un modesto éxito que auguraba a los Quireboys como a una de las formaciones más prometedoras de los incipientes noventas.
Un irresistible medio tiempo como “Whippin' boy” parece beber en cierto modo de esas canciones de carretera y rollo cowboy que tan bien les sentaba a los Bon Jovi mientras que “Sex party” es un verdadero cañonazo de rock and roll festivo que encierra el espíritu salvaje y despreocupado de los difuntos ochentas. La maravillosa “Sweet Mary Ann” y la mágica balada “I don't love you anymore” son de esos temas que de haber sido interpretados por Rod Stewart veinte años antes hoy serian piezas ineludibles en el repertorio del veterano rubiales. También hay reminiscencias suyas en “Long time comin'” y en la hermosa “Roses and rings”.
El emotivo rock and roll final de “Take me home” pone el broche de oro a un trabajo sencillamente perfecto e imprescindible que permitió a la banda codearse con verdaderos monstruos de la escena como Guns N’ Roses o los Rolling Stones al tiempo que les dejo palpar con la palma de la mano la gloria que desafortunadamente terminaría por escurrirse de entre sus dedos dos años después con la publicación de su siguiente trabajo.

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