Este es el segundo álbum del músico de Minnessota y a mi parecer y al de muchos el que le convirtió en leyenda, fué su primera patada en la entrepierna de muchos criticos y fundamentalistas, aunque también es verdad que no sería (afortunadamente) la última.
Aupado por la creciente ola de la contracultura y espoleado por temas que en aquel momento estaban muy en el candelero como la guerra nuclear y los derechos humanos en general, el disco se abre con la que probablemente sea la canción protesta más conocida de todos los tiempos "Blowin' in the wind".
También contiene canciones ya emblema en el cancionero de Dylan como son "A-rain´s a-gonna fall" en donde toca el tema de la guerra nuclear o "Do not think twice it's all right" esta ya más personal hablando de la depresión.
Aparte de estas yo también destacaría dos temas no tan conocidos pero que son dos auténticos himnos folk "Girl from the north country" y "Masters of war".
The Freewheelin´ fué la confirmación de Bob Dylan como glorioso compositor y el comienzo de una historia aun hoy apasionante.
Una de las rarezas de este disco es su larga duración (és doble) a pesar de contar con siete temas, la otra es que tiene material que és imposible de encontrar en sus discos de estudio. Y es que demasiado LSD produce decisiones extrañas pero música genial.
Por aquellos años (finales de los 60) Grateful Dead se encontraban en plena etapa hippie psicodelica y no se notaba tanto el viraje más country que tomaron en los años 70. El disco se abre con una canción de 23 minutos que és puro viaje lisérgico, contiene tan sólo ocho versos se llama "Dark Star" y en ella Jerry Garcia parece que levite con su guitarra. "Saint Stephen" ya la grabaron para su anterior trabajo pero aquí aparece como mucho más hecha, más conseguida, seguida de la más rockera "The eleven" con dos baterías y un sonido muy sureño a lo Lynyrd Skynyrd. "Turn on your love light" és el desfase total de Jerry Garcia y sus solos interminables aunque también se permite colar algunos toques funk.
Bajan mucho las revoluciones con "Death don't have no mercy" que és una versión de Reverend Gary Davis y que como su título indica parece un himno para un funeral, nada que ver con "Feedback" que és ni más ni menos que 8 minutos de puro ruido de feedback, una auténtica marcianada en clave Metal Machine Music.
Lo que queda al final de este disco és una gran colección de solos y preciosas melodías de una banda que jamás será mi banda favorita pero que muchas veces te permite desconectar y dejarte llevar.
Treinta años hace desde que leí un artículo de David S. Mordoh en RDL descubriéndome un grupo de San Francisco llamado American Music Club y que me voló la cabeza.
Hablaba precisamente de sus dos mejores discos (a dia de hoy no superados) United Kingdom (1989) y el editado un año antes California (1988).
Después de un primer trabajo (The Restless Stranger, 1985) bastante flojo en donde aún se dejan ver algunos toques new wave de la época y un segundo (Engine, 1987) mucho más engrasado y con mejores canciones, el grupo liderado por Mark Eitzel grabaría California, su auténtica Master Piece, en donde todo se vuelve más cálido y acústico, más maduro y estremecedor, un trabajo en donde la soledad y la angustia se puede palpar con las manos, pero a la vez no puedes dejar de escucharlo una y otra vez, para mi este disco fué una verdadera obsesión.
Es difícil destacar alguna canción en un disco tan compacto, pero si tengo que quedarme con alguna lo hago con la dramática "Jenny" y su súplica "Jenny don't go...", las desoladoras "Pale and skinny girl"y "Blue and grey shirt", la Nick drakeiana "Western sky" y con la única despedida posible "Last harbour": "Estoy cayendo y no veo el final...¿vás a ser tú mi último puerto?".
Si eres de los que se emocionan y se auto flagelan con la música de Red House Painters, de Idaho o de Grand Drive, o de los que disfrutan con nombres más conocidos pero igualmente recomendables como Bruce Springsteen o R.E.M., no lo dudes, te falta adentrarte en el mundo de American Music Club.
Desde Burlada (Navarra) y con sólo dos discos lograron entrar Josetxo Esponza & cia en todo un universo de glam, garaje, drogas, psicodelia, punk, beatles, cramps, e incluso en este primer trabajo rancheras de mala muerte. Color hits fué un verdadero shock para todos aquellos que estábamos acostumbrados a comprar discos del catálogo de Oihuka y encontrarnos con referencias sobretodo de rock radikal vasco. Primero porque este estaba grabado la mitad en castellano y la mitad en inglés y lo segundo porque las referencias que encontramos aquí nada tienen que ver ni con las barricadas ni con la política, esto tenía más que ver con el rock ´n´ roll way of life.
En "Shadow girl" y en "The one you´ll never catch" se respira el aire punk glam del Nueva York de finales de los 70, a Detroit viajamos después para encontrarnos con una guarra "Hola! (ni Dios)" y una versión del "1969" de The Stooges aquí titulada "1989" , para bajar más tarde y cruzar la frontera mexicana con la instrumental "Mezkalito" y la delicada "Me gustaría llorar". Aun hay tiempo para acercarnos, como no, a tierras australianas y hacer una especie de homenaje a los New Christs o a Radio Birdman con la garajera y psicodélica "Lluvia y luna" y de tomar prestado uno de los más conocidos riffs de la historía de la música como es el "Sweet Jane" de Velvet Underground y colarnos ese auténtico melocotonazo que és "Verano muerto".
Después de grabar otro disco en 1991 la banda se disolvió y Josetxo decidió seguir en solitario grabando otros dos discos que pasaron con más pena que gloria. En 2013 y siguiendo la estela de muchos de sus heroes (Johnny Thunders, Rowland S. Howard, Stiv Bators, Syd Barrett, etc.) Josetxo Esponza nos dejó a los 50 años pero dejándonos un legado corto pero apasionante.